"Hay dos planetas, Nunca y Siempre, y un montón de asteroides entre ellos."
RAMIRO GUZMÁN

Emilia

carmen cuentoOperaron a Emilia. El tajo es largo, el dolor es largo, su ausencia es larga. La fui a visitar al hospital: cuando llegué estaba con su marido y su hija. Emilia es la empleada de casa y es una nueva musa sin que haya entre nosotros más que una hermosa amistad. Montevideo está volviendo a ser de a poco un hogar para mí. He sido andariego, lunático, esclavo, festivo, arrogante y humilde y sincero, y alguna mentirita capaz que se me escapó también por ahí. Escarban mis noctámbulos en una de mis biografías: la que dice que nunca nací, que nunca existí, que nunca creí.

Escribir vuelve a ser mi oficio: tanto cantar, tanto pintar y al fin este loco asunto con la literatura siempre es la asignatura más independiente. Tengo un sollozo atragantado en el pecho: algunas musas ya no están. Pido clemencia para don tiempo que pasa a través de mí, espacioso y espacial. Cazo las palabras que giran en el viento, el aire de casa que cuando se abre una ventana parece volar. Esta primavera parece invierno. Dios y sus codicias y sus pocilgas y su sabiduría y sus quizás. Mi alma se limpia de aquel quizás. Miro un cuadro de Giovanna Facchinelli pintado por mí: más que un retrato, una graciosa tentativa de su cuerpo y me doy cuenta que tal vez yo también haya escrito tangos y es más, que tal vez tengan razón los críticos que dicen que siempre es el mismo libro a lo que yo le agregaría es siempre el mismo tango. La mujer más hermosa, desbordada y desbordante, ahí en el hospital, con suero, con fe, con Dios. Voy ajustando la mirada para verla mejor: la anatomía de la vida hizo de ella una mujer bonita cansada de años limpiando y luchando por muchas causas… Y escollos así… Tambalea mi sueño de mirar en el mundo a través del álgebra con que calculo los sentimientos de esa madre y esa hija que se ayudan heroicas en un instante de paz. Ayer dudaba del milagro; hoy veo el milagro de ayudar, respiro hondo, quedo en paz. Mi visita fue muy breve para no molestar. En la tele el dinero desborda y yo me autoflagelo de tanto llorar. Soy permeable a la sensibilidad de la gente: me voy y me quedo y vuelvo al Uruguay como siempre, como siempre he dicho. Me hago un gol en contra y lo salgo a gritar; los payasos del circo se sacan el disfraz y cuentan una historia dramática. Emilia sigue ahí por un tiempo más y yo debo volver a casa y así tiempo en el espacio, así ella mirará mi colección de objetos que es mi hobby favorito como quien nace hacia el mar.

Ramiro Guzmán

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